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6 may 2013

EL SECRETO DEL "OSCURO CARISMA" DE HITLER: EL ODIO.

Stalin usaba el miedo, Hitler el odio 
El secreto del ‘oscuro carisma’ de Hitler era el odio
Laurence Rees analiza, en su nuevo libro, la " ilimitada capacidad de odio" como parte esencial del “oscuro carisma” del líder nazi. (En la foto, durante un mitín a finales de los años treinta).


















MADRID

Creemos saberlo prácticamente todo de Adolf Hitler, pero quedan secretos irreductibles de su personalidad y su liderazgo. Para el célebre historiador y documentalista británico Laurence Rees (Ayr, Escocia, 1957), ninguno como la manera en que logró arrastrar tras de sí, en la terrible espiral de la guerra y el genocidio, a millones de alemanes.

Trata de dilucidar eso y explicar las claves de la fatal atracción que ejercía el líder nazi, el autor de  Auschwitz, El holocausto asiático ,  Una guerra de exterminio  y  A puerta cerrada , a lo que ha dedicado su nuevo libro,  El oscuro carisma de Hitler  (en Crítica, como todos los anteriores), relata  Jacinto Antón en el diario El País .

Rees destaca en los rasgos de Hitler "su ilimitada capacidad de odio". Y advierte: "El poder del odio está infravalorado. Es más fácil unir a la gente alrededor del odio que en torno a cualquier creencia positiva".

Como persona, señala Rees, Hitler era bastante lamentable. Un tipo psíquicamente “muy dañado”, incapaz de amistades y afectos verdaderos, bañado en odio y prejuicios. “Solitario y con una visión de la vida como lucha y de los seres humanos como animales". Pero tenía carisma. "Solemos creer que el carisma es un valor positivo, pero lo pueden poseer personas despreciables", reflexiona.

Para Rees "Lo más importante que hay que entender del carisma de Hitler es que dependía de la gente. El carisma no existe sin conexión. No se puede ser carismático en una isla desierta. Buena parte lo pone el otro".

"El carisma de Hitler procedía tanto de la gente que lo seguía como de él. Por eso ahora no lo percibimos en fotografías o películas. No nos habla a nosotros. No somos de su tiempo. Lo que ha cambiado no es él, sino la percepción que tenemos de él".

Rees explica cómo entre los propios alemanes fue cambiando la influencia del carisma de Hitler. "Personas que lo veían como un personaje ridículo o perturbado en 1928 pasaron a considerarlo un salvador en 1933". Siempre hubo, sin embargo, gente inmune a su carisma. Philipp Von Boeselager, que se conjuró para matarlo, lo encontraba indigno y decía que era repugnante: un patán. "Bueno, pero hay que recordar que para muchos alemanes los políticos educados eran los que les habían llevado al Tratado de Versalles y al desastre: tiempos no convencionales requerían líderes no convencionales".

Había que estar predispuesto para seguir a Hitler, dice Rees, aunque él, el líder, aportaba su intransigencia, su absoluta seguridad de su papel como figura providencial, su habilidad para conectar con las esperanzas y los deseos de millones de alemanes, su descontrolada emotividad y, sobre todo, su contagioso odio. “Una de las cosas más difíciles del mundo es asumir las culpas y responsabilidades propias, todos estamos predispuestos a proyectar nuestras frustraciones sobre el otro, en forma de odio”.

¿Dependía el carisma de Hitler del éxito? "Sí, ese aspecto fue vital. Si alguien dice que va a hacer algo extraordinario y lo hace, la siguiente vez es más fácil tenerle fe. Hitler jugaba fuerte, al todo o nada, y cada triunfo fortalecía su carisma. Muchos militares, por ejemplo, que lo miraban con suspicacia, se rindieron a su genio, a su intuición, el famoso Fingerspitzengefühl, tras la larga serie de victorias que parecían inexplicables. Aunque hoy retrospectivamente no lo veamos así y Montgomery dijera que la regla número uno de la guerra era no invadir Rusia, para la mayoría parecía mucho más increíble vencer a Francia que a la URSS".

Entonces, ¿cómo sobrevivió su carisma a las derrotas a partir de Stalingrado? "Al revés que Mussolini, Hitler desmanteló las estructuras del estado, así que era más difícil apearlo del poder, además, a los alemanes se les había inculcado el miedo al Ejército Rojo y su venganza, que se iba a producir con la derrota aunque se deshicieran de Hitler, y por supuesto, Hitler incrementó el terror de su aparato represivo en proporción directa a la pérdida de su liderazgo carismático".

Hitler cultivaba su carisma. "Absolutamente, de muchas maneras pequeñas incluso. Usaba gafas pero nunca se dejaba ver y retratar con ellas. Cargaba una lupa. Hasta fabricaron una máquina de escribir especial con caracteres muy grandes para escribirle los textos que tenía que leer, la Führeschreibmaschine. También estudiaba mucho su imagen en el espejo y practicaba su famosa mirada penetrante”.
La característica primordial de Hitler: EL ODIO.
Rees señala las diferencias entre Hitler y Stalin en términos de carisma. "Stalin practicaba el carisma negativo, toda la imagen de Hitler le parecía una sandez. Con Stalin no había reglas para evitar ser asesinado. Nadie estaba seguro. En la Alemania nazi estaba claro quiénes iban a ser perseguidos por el régimen, en la URSS estalinista no. Stalin unía con el miedo como Hitler con el odio".

Rees es un hombre afable, acostumbrado a tratar con la gente. Ríe y bromea a menudo pero debajo de esa capa alegre y aparentemente desenfadada se percibe la profundidad de un hombre que lleva años, toda su carrera, enfrentándose a lo peor del ser humano. Para sus libros y famosos documentales de la BBC ha entrevistado a innumerables personas que vivieron la II Guerra Mundial, soldados y civiles, víctimas y verdugos.

Cuando se le pregunta cuál de todos esos testigos de la barbarie le ha impresionado más, se ensimisma un buen rato antes de contestar: "Toivi Blatt, un judío polaco deportado en 1940 al campo de exterminio de Sobibor, donde toda su familia fue asesinada. Blatt participó en la revuelta de prisioneros de 1943 y logró escapar con un balazo en la mandíbula. Hablábamos sobre lo que son capaces de hacer los seres humanos, y le pregunté qué había aprendido de su experiencia. Me contestó: ‘Solo una cosa, nadie se conoce de verdad a sí mismo'”.
El País / Protestante Digital 2013 / Editado MCVI

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20 may 2012

HITLER PENSABA QUE EL ERA LA REENCARNACION DE JESUCRISTO.!!


Hitler pensaba que el era la Reencarnacion de Jesucristo

Que loqueras de éste loco.
Se han dado a conocer informes psicologicos de Hitler muy guardados hasta ahora donde se ve claramente que el se creia Jesucristo. Leamos esta noticia, con algo muy importante en mente, el fanatismo religioso no es de Dios. Todo lo contrario, es satanico. Amemos a Jesus, estudiemos la Biblia, guardemos nuestro testimonio, pero nunca adoremos a un hombre, el unico hombre que adoramos se llama Jesus.

Vale la pena leer esta noticia, estemos informados y hablemos sabiendo lo que hablamos. Aunque no lo creas, hay muchos hoy que tambien siguen a gente que dicen que son Jesucristo.Fuente de noticia: Alfred Lopez de yahoo.com



Mucho se ha especulado a lo largo de las últimas décadas sobre el verdadero estado mental de Adolf Hitler y muchas eran las hipótesis que apuntaban hacia serios desequilibrios de uno de los personajes que más influencia y poder tuvo en Europa. Recientemente se ha hecho público un estudio, oculto durante setenta años,  que fue realizado por el profesor Joseph MacCurdy de la Universidad de Cambridge, en el que analizó varios discursos que Hitler ofreció en 1942 y en los que se detectaban los claros síntomas de paranoiaque padecía el Führer.

MacCurdy en su informe afirmaba que el perfil psicológico del dictador, que decidió el destino de millones de personas, era el de una persona con unos graves síntomas de "delirio religioso", creyéndose la reencarnación del propio Mesías y que su papel en la Tierra era la de acabar con la estirpe judía, a la que calificaba como "la encarnación del mal", mientras que a sí mismo se autodescribía como "la representación del espíritu de la bondad".
Ese complejo de Mesías, que se hacía entrever en las palabras del dictador, hacía que tal y como Hitler fue viendo que su proyecto de liderar toda Europa se iba alejando, sentía la imperiosa necesidad de buscar un cabeza de turco que asumiese todas las culpas de los males que arrasaban a la sociedad germana: los judíos.
Informe con el análisis psicológico de Hitler (cam.ac.uk)

La intuición de que la derrota nazi estaba próxima le provocó esa ansia urgente por salvar al pueblo alemán de las fauces del enemigo semita; cuanta más era la oposición que se ejercía desde el resto del mundo contra el nacionalsocialismo que él representaba, mayor era su fobia hacia los judíos y todo lo que representaban.
El fracaso de la invasión nazi a Rusia, bautizada como Operación Barbarroja, había significado un duro golpe para los intereses de Hitler. Todo parecía ponerse en contra de los planes alemanes y, según fue avanzando la guerra y se fueron perdiendo objetivos, los culpables y enemigos reales dejaron de ser los demás países para centrar todo su odio e ira contra el pueblo hebreo, al que culpabilizó de la decadencia sufrida por el pueblo alemán y el resto del planeta.

Sus discursos congregaban a cientos de miles de personas que lo aclamaban y lo hacían sentirse como el idóneo para conducir al pueblo elegido (Alemania) hacia una cruzada contra el mal que estaba encarnado por los judíos. Toda una prueba de que su estado mental se fue debilitando tal y como fue trascurriendo el tiempo y sus propósitos no llegaron finalmente a cumplirse.

Reenviado por Isaac David Guerra Minchez
musicaconvida@gmail.com

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